Le hice caso al felpudo
“WELCOME” me dijo un felpudo,
le respondí con un saludo: “Hola, felpudo!”
Me dijo: “revisá abajo mío, que hay algo para vos”.
Lo saqué y le pregunté: “¿qué es esto?”
Él me miró y me respondió quejosamente: “la llave de la casa,
salame...”
Ahí nomás me mandé y empecé a buscar con quien quería encontrarme.
Fui a la cocina y revisé todo los muebles, pero no estaba.
Entonces corrí a la heladera, la abrí, miré bien
...pero tampoco estaba...
El felpudo se metió y me dijo: “está arriba...”
y yo dije: “¿en el cielo?, ¡¿Qué?! ¿¿se murió??...”
y me respondió: “NOOO! salame, está en el piso de arriba.”
Entonces salté por las escaleras.
Una vez que llegué arriba, ví tres puertas y no sabía cual elegir.
Entonces, otra vez
el felpudo se metió y me dijo: “está en la del medio...”
y yo le dije: “¿en esa?”....
y el felpudo me respondió: “NOO, salame...en la del medio...esaaa!!”
“Ahh!” dije y me mandé sin dudar.....
A simple vista no ví nada...
hasta que de pronto: lo ví...
y aunque no juntaba margaritas del mantel, ahí estaba:
Inmaculado sobre una mesa ratona, posado sobre un plato.
SIII!!!...
el gran pedazo de queso me miraba y me llamaba para unirnos
en un gran abrazo.....
No hay pasión, ni calor,
ni sabor, ni tambor,
más fuerte que el abrazo queso-salame
cuando no ronda el jamón
No pude evitar preguntarle por Pancito:
“No se, la última vez que lo vi estaba re duro”
El felpudo nos miró y me dijo: “¡¡BIEN SALAME, lo lograste!!”
Guiñó un ojo
y se fue con su WELCOME tatuado en el pecho...
Yo: Salame,
feliz con Queso!



