El frío se desubica

 

“O es pa todos la cobija, o es pa todos el invierno”
Arturo Jauretche

¿Qué es una Ola Polar? No sé bien, de todas maneras cada vez que lo escucho me imagino a una familia de clase media, con pan, mortadela y gaseosa veraneando en Mar de Ajo, viendo atónitos, obnubilados, como nace desde lo más intimo de las aguas una ola formada de buzos polares de todos colores, con cuello, con cierre, con capucha y de distintas marcas; pero no, parece ser que una Ola Polar es otra cosa.
Hace unos quince o veinte días que el país entero se encuentra recontracagado de Frío: todas las provincias acurrucadas, con el viento que nos rebana los labios, nos deja la cara como una virulana, y asombrándonos por la versatilidad con la que algunos órganos pueden mutar tan fácilmente de tamaño. Evidentemente, se han dejado de usar corpiños calados, y los que fabrican bolsas de agua para los pies, se están forrando en guita y se van a transformar en un Pool económico. Es muy probable que los grandes terratenientes de la soja, quieran ver la manera de asociarse a los bolseros de agua y monopolizar dicho mercado interno. Porque acá, el que no corre, vuela en aerolíneas privadas.
El Frío nos deja a todos en cambio, y aunque sea estrictamente lógico que le asomemos el hocico a estas temperaturas en el invierno, todos los años uno piensa que el Frío se desubica, y sobre todo esta vez, que tenemos de donde agarrarnos: Nevó en Brasil, es decir, se zarpó mal, le dimos la mano al Frío, y no sólo que nos agarró el codo sino que nos llevó de prepo a un telo de Liniers. Qué se yo, no sé a ustedes, pero a mí se me viene a la cabeza Ronaldinho en cuero, y me dan ganas de prestarle una polera.
En realidad, siempre nos quejamos, y eternamente hemos tenido una leve tendencia a la exageración. En verano, es tanto el calor que hace, que creemos que adentro del horno de Kentucky está más templado que en nuestro patio, en otoño las hojas secas nos tienen las pelotas infladas como dos Fiat600, en invierno salimos a la calle y sentimos que somos los ojitos yankees de Di Caprio cuando se está muriendo en Titanic, y en primavera, todos están enamorados, menos nosotros. Eso es una fija. Por eso es que toda esta victimización, este llorisqueo continuo que tenemos por estos días de tanto Frío, no tiene porqué sorprendernos. Somos y seremos meticulosamente putos y llorones…
Hablando de putos, durante toda esta desubicación meteorológica de la Ola Polar, hemos tenido la enorme dicha de estar vivos para poder presenciar la aprobación democrática del matrimonio para parejas del mismo sexo. Fuimos nosotros, contemporáneos y testigos, del día en que la Libertad tomó forma y dejó de ser un juguete utópico. Obviamente, a todo esto, también temblando de frío, tuvimos que leer y escuchar barbaridades ancestrales, ritos satánicos, religiosos empedernidos, y excusas imperiales de los policías del amor que pretenden ser los dueños de la historia, tirándonos de las patillas. Entre tanta bufanda, gorrito coya que ahora es re cool, y calzoncillos largos, también procesaron al tipo este que gobierna la ciudad autónoma de Buenos Aires. Resulta que está acusado junto a un milico que lo “salvó” de sus “secuestradores” en el umbral del neoliberalismo morboso, allá cerca de la caída del muro, de cometer escuchas ilegales. Además, la Policía Metropolitana metió palo de lo lindo a vendedores ambulantes, Tinelli sigue cortando tangas ayudando a los pobres, Grondona le hizo un Sommier cuatro plazas a Maradona, la popu saldría 50 mangos a partir de este campeonato, en la frontera de Colombia y Venezuela el horno no está para boyos, un pibito tomó un banco en Pilar por unas horas y se armó un porro con un billete de cien, Fabianni la va a pisar en All Boys, esperamos por la recuperación de Gustavo Cerati, Lilita Carrió perdió todos los escrúpulos, Aníbal Fernández es adicto al Twitter, y Riquelme, bueno, dejemosló ahí.
Todas estas cosas y otras que nunca nos vamos a enterar, pasaron durante esta Ola Polar. El Frío se hace cargo de los días y de congelarnos las orejas a gusto y piacere. Nos deja tartamudos cuando entramos al kiosco y nos mantiene las manos en los bolsillos hasta sentados en el inodoro. Es verdad, hace muchísimo Frío y ahora el febo anda asomando, haciéndonos sentir de a poco la pubertad de la primavera, rasguñando los 16 o 17 grados a la siesta, pero igual, las frazadas no se lavan ni se guardan. Sea como sea, la onda sería tratar de ponernos a pensar aunque sea un segundo, que tan tristemente hipócritas somos. No es tan difícil, simplemente es hacernos cargo de que en Chaco, en Formosa, o acá cerquita nomás, en Pablo Nogués o en Villa Luzuriaga, mucha gente nació, creció y murió con Frío. Si tuviésemos el tupé de ponernos en sus pulóveres rotos por un rato, si no soportáramos que el pibe que muere de hipotermia en una plaza sea sólo estadística para la facultad de económicas, si tuviéramos las pelotas suficientes para dormir en el furgón del Sarmiento; sí un segundo pudiésemos pensar en eso, y darnos cuenta que muchos de nosotros aunque sea tenemos el derecho de tener miedo a morir por un escape de gas de nuestro calefactor…, entenderíamos que para ellos, los que son mostrados en la tele como un trofeo de la lástima, la vida misma es una Ola Polar, y nuestra sublime tendencia a la exageración, podría ir disminuyendo todos los días, hasta que alguna mañana, salgamos de la boca del subte, y no se nos ocurra decir: “Che, boludo, el Frío se desubica”.

 

 

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